jueves, 16 de junio de 2011

Los dueños de casa

No importaba cuánto los estudiasen, nunca lograban comprender los asuntos de los grandes. Los veían salir de la cama y correr al baño, a la cocina, a la cochera. La puerta los escupía hacia la calle, como atragantada. Tampoco tenían sentido los llantos ahogados en la almohada, las llamadas a escondidas, los gritos ocasionales, la cena en silencio y ese árbol con luces de colores una vez al año. Jamás conseguirían entender a los grandes. Se encogieron de hombros, se rascaron las orejas puntiagudas y volvieron a la cueva, detrás de la biblioteca. En el caldero hervían las diez arvejas robadas.

martes, 14 de junio de 2011

sábado, 11 de junio de 2011

Fragmentaria 09

se arrastran
dedos de piedra
la ciudad mano
atrapa la montaña